Biopesticidas: la alternativa saludable para la protección de los cultivos

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Si Alfred Hitchcock tuviera que rodar hoy “Con la muerte en los talones” (“North by Northwest”), tendría que modificar la escena en la que Cary Grant es perseguido y tiroteado por un avión junto a un maizal. En la película original, el personaje que interpreta Grant, Roger Thornhill, huye de un biplano empleado en la fumigación de cultivos que arroja su carga para obligarlo a salir de su escondite entre las plantas. Esto sería casi imposible en la actualidad, al menos en Europa. Desde 2009 y salvo excepciones, la Unión Europea prohibió la pulverización de plagicidas como la que se hace desde aviones adaptados. ¿El motivo? Limitar el empleo de pesticidas de síntesis química en el mundo de la agricultura para reducir sus consecuencias en la salud humana y el medio ambiente.

La poética del cine no es suficiente para mantener prácticas que son perjudiciales para nosotros y para nuestro entorno. Durante las últimas décadas, la producción agrícola se ha apoyado en los productos sintéticos de laboratorio para defenderse de plagas que atacan las cosechas y su entorno. Bajo el argumento, a menudo discutido, de que los pesticidas o fitosanitarios han garantizado la disponibilidad de alimentos más saludables, libres de enfermedades, agricultores de todo el mundo han usado de forma masiva estas soluciones que garantizaban una rápida acción contra bacterias, insectos y hongos perjudiciales. Su empleo ha permitido mantener altas tasas de producción y una explotación intensiva del suelo. Sin embargo, los residuos de algunas de las sustancias empleadas han tenido consecuencias nefastas.

Los problemas de los pesticidas de síntesis química

Los problemas de los pesticidas de síntesis química

En el entorno natural, el abuso de pesticidas sintéticos como fungicidas, insecticidas o nematicidas ha supuesto, en muchos casos, desde la contaminación de acuíferos hasta la desaparición de organismos beneficiosos para las raíces, pasando por el desarrollo de la resistencia de las plagas a los productos que las combaten. En cuanto al ser humano, no son pocos los casos en los que se han confirmado intoxicaciones graves y afecciones del sistema inmunológico por la exposición prolongada a ciertas sustancias. Los más afectados por esto han sido, a menudo, los propios profesionales del campo: los agricultores.

“Los más afectados por el abuso de pesticidas sintéticos han sido, a menudo, los agricultores”

En Europa, las sustancias activas permitidas en los fitosanitarios se han reducido en más de un 50% en las últimas décadas. Situaciones como la del glifosato, un popular herbicida considerado con múltiples reticencias con potencial carcinógeno por la Organización Mundial de la Salud en 2015 e indultado por la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria ese mismo año, pusieron en primer plano el uso de los pesticidas de síntesis química. De hecho, y a pesar del debate sobre si es tan perjudicial como se dice o no, ya son dos los países europeos que lo han prohibido. El primero fue Austria, y Alemania le ha puesto fecha de caducidad: 31 de diciembre de 2023. La propia Unión Europea lo autoriza solo hasta 2022, y no hay garantías de que amplíe su validez. Además, existen restricciones para este producto en la República Checa, Italia y los Países Bajos y Francia planea eliminarlo gradualmente para 2023. ¿Dependemos tanto de ellos? ¿Son perjudiciales? Y, si lo son, ¿se tratan de un mal necesario? ¿Qué alternativa hay?

La respuesta a la primera pregunta es “no”. Si bien han podido ser una solución rápida y eficaz, sus consecuencias son otra historia. Muchas de las sustancias empleadas durante años se han prohibido a medida que se han detectado consecuencias negativas para la salud y el medio ambiente. Con el glifosato, por ejemplo, se teme que tenga incidencia no ya en la salud humana, sino en la supervivencia de plantas del entorno a las que se dirige y, más aún, en los insectos, imprescindibles para la pervivencia de procesos biológicos como la polinización. Los pesticidas, por lo tanto, no son un mal necesario. La alternativa está en los biopesticidas.

Biopesticidas: la respuesta de bajo riesgo

Biopesticidas: la respuesta de bajo riesgo

Como derivados de organismos vivos, los biopesticidas pueden ser desde hongos hasta virus (pensados para atacar insectos) o extracciones vegetales. Son soluciones calificadas como de bajo riesgo, que respetan el entorno de la planta y los organismos naturales del ecosistema. Además, no dejan residuos perjudiciales o potencialmente perjudiciales para las personas.

“Los biopesticidas respetan el entorno de la planta y no dejan residuos perjudiciales para las personas”

Hemos avanzado mucho en el campo de los biopesticidas. Podemos asegurar que su eficacia es, al menos, la misma que la de los fitosanitarios, y su rastro de residuos es nulo. Además, el contexto actual beneficia su expansión, por varios motivos:

1. Apoyo institucional. En numerosos países se está potenciando la alternativa de los biopesticidas frente a los productos de síntesis química a través de la legislación. Dinamarca ya aplica gravámenes adicionales a los fitosanitarios para desincentivar su uso. La Directiva europea 2009/128 sobre el uso de plaguicidas insta a los miembros comunitarios a desarrollar programas específicos que fomenten desde la formación sobre el empleo de estos productos a la regulación y control de su comercialización y almacenamiento. Fue dicha Directiva la que prohibió la pulverización aérea. Pero lo más importante es que, de forma específica, insta a los Gobiernos a dar prioridad, “cuando sea posible, a los [productos] no químicos”. El último paso que ha dado Europa, en este sentido y que ya está impactando en los mercados es el anuncio en mayo de 2020 de su estrategia “De la Granja a la Mesa” que plantea una reducción del 50% de uso de pesticidas químicos y un 20% de fertilizantes para 2030.

2. Presión social. En los últimos años han pasado a primer plano los riesgos de las soluciones sintéticas y el deseo de los consumidores de consumir productos 100% orgánicos. Esa demanda se ha trasladado a toda la cadena comercial. En el caso de España, ya es el país de la Unión Europea con mayor superficie de cultivos ecológicos.

3. Ausencia de efectos nocivos. Los biopesticidas están considerados de bajo riesgo y constituyen un porcentaje notable del mercado de productos para combatir plagas. Además, los sometemos a las mismas pruebas de control exhaustivo que los de síntesis química, por lo que su seguridad está garantizada. Respetan los organismos del subsuelo y contribuyen a la regeneración del suelo.

Es verdad que hay retos que salvar. Ni la legislación se aplica por igual en todos los mercados ni en todos los países existe la misma concienciación hacia la problemática de los fitosanitarios. Europa, sin ir más lejos aún no cuenta con una normativa específica que regule los biopesticidas que se siguen rigiendo por la normativa de los pesticidas químicos. Esto hace que a los agricultores no les lleguen las soluciones naturales que necesitan para sustituir los productos de síntesis química. España, sin ir más lejos, es el país comunitario que más toneladas de pesticidas consume. Pero en el horizonte hay un mercado biológico que alcanzará los 6.400 millones de dólares en 2023. El cambio está en marcha.

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