Buceando en la materia biológica desconocida

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El mayor hub de biotecnología aplicada a la agricultura natural está en el sur de Europa, tiene más de 45 proyectos en marcha para solucionar las principales problemáticas de la agricultura global y trabaja haciendo “más verdes” a otras empresas de la agroindustria y a grandes productores.

Efrén Remesal, director de I+D+i, nos habla de su historia y proyectos futuros.

Hace algo más de 14 años, los fundadores de Kimitec se propusieron cambiar la forma en la que se producían los alimentos.

Por aquel entonces, la evidencia científica empezaba a señalar a los agroquímicos como causantes de la pérdida de biodiversidad, contaminación de acuíferos y de otros problemas importantes relacionados con el medioambiente y la salud de las personas. A la vez, en Europa, la gran distribución imponía limitaciones en el uso de materias activas y LMRs por debajo de la normativa y, los consumidores, los grandes protagonistas de todo el sistema de producción de alimentos, ponían el grito en el cielo ante escándalos relacionados con la agricultura y la toxicidad de los insumos empleados en ella.

En aquel momento, los fundadores de la biotecnológica entendieron que tenía que haber otro camino diferente al de emplear moléculas sintéticas en la producción de los alimentos y decidieron hacer algo al respecto para dotar de alternativas naturales y eficaces a los agricultores.

Desde “la huerta de Europa”, donde está localizada la empresa, el equipo fundador de Kimitec comenzó a viajar por diferentes países para identificar los avances científicos y tecnológicos, y conocer a las grandes mentes brillantes que empezaban a despuntar en el campo de la biociencia aplicada a la agricultura.

Durante aquellos viajes, descubrieron en la naturaleza una fuente inagotable de compuestos naturales provenientes de plantas, hongos, bacterias y microalgas, con un gran potencial para lograr una productividad natural en los cultivos.

Tras varios éxitos en el desarrollo de biopesticidas de eficacia igual a la de la síntesis química y una inversión de más de 20 millones en investigación y desarrollo de soluciones agrícolas naturales, en octubre de 2019, Kimitec inauguró MAAVi Innovation Center, el mayor centro de investigación de biopesticidas y probióticos dedicado a la agricultura natural de Europa y uno de los mayores hubs de biotecnología del mundo.

Unas modernas instalaciones de más de 5 000 m2 + 1 000 m2 de invernaderos con un equipo de I+D+i de más de 50 profesionales que actualmente trabajan en el desarrollo de productos biológicos basados en la naturaleza, y en la comprensión de los cultivos y de sus mecanismos de crecimiento y protección.

Siguiendo con la historia, en mayo de 2020, en plena crisis del COVID 19, la Unión Europea anunció su estrategia Green Deal y su parte agroalimentaria From Farm to Fork. La agricultura comunitaria tembló. ¿Cómo iba a ser posible ser igual de productivos con el 50% menos de moléculas de síntesis química y un 20% menos de fertilizantes? Después vinieron EE. UU, Canadá, China o Corea del Sur con planteamientos similares. La urgencia de tomar medidas apremiaba y las estrategias políticas orientadas a frenar el cambio climático y la contaminación se pusieron a la orden del día.

En este contexto, conscientes de la cantidad de herramientas de síntesis que se limitarían y que dejarían a los agricultores sin alternativas eficaces para seguir siendo productivos y con un grave problema de aparición de resistencias, urgía acelerar nuestro modelo de investigación y hacerlo más ancho.

MAAVi Innovation Center: la alternativa a la síntesis química

Actualmente en MAAVi investigamos un total de 45 proyectos de alto impacto para la agricultura global, agrupados en tres verticales: biocontrol, plant performance, y pre y probióticos.

En septiembre de 2020, tras dos años de investigación, comunicamos el estado de desarrollo de nuestra plataforma de bioherbicidas, que está llamada a sustituir al glifosato e integra diferentes herramientas ómicas con el objetivo de identificar moléculas y compuestos naturales con actividad fitotóxica para el desarrollo de una nueva generación de bioherbicidas.

Casi a la vez, nuestro sustituto natural a la cianamida de hidrógeno entraba en fase de validación agronómica. Con unos resultados equiparables a los de este compuesto de síntesis química, pero sin riesgos para la salud del aplicador, supondrá un alivio para los productores de frutales leñosos de hoja caduca que ven cómo el cambio climático recorta, año tras año, las horas de frío que sus árboles necesitan para brotar.

Pero contamos con muchos otros proyectos en marcha.

En cuanto a biopesticidas con acción insecticida, tenemos abierto un gran proyecto para el control de varias especies de lepidópteros, así como otro de nematodos. El primero se centra en Tuta absoluta, Lobesia botrana y Cydia pomonella, aunque la especie que más nos ocupa es Spodoptera sp., que afecta a 66 cultivos diferentes, principalmente soja en Brasil y maíz en China y tiene un impacto económico global de 1.2 billones de dólares al año.

No nos olvidamos de los biofungicidas, pues hongos patógenos como Botrytis cinera en vid, causan verdaderos problemas en los viñedos y los cultivos de uva de mesa de Francia, Italia, España, China, USA, Chile o Australia; o la roya del café y la devastadora sigatoka negra del banano en Centroamérica que no cuenta con una solución eficaz para combatirla. Todos ellos merecen a nuestro parecer proyectos propios, que busquen de forma urgente una solución natural y eficaz a los problemas que estos plantean.

Respecto a estrategias dirigidas a mejorar la sostenibilidad medioambiental de los cultivos, tenemos entre manos un increíble proyecto para la identificación de un consorcio específico de microorganismos de la filosfera que trabajen para el cultivo al fijar nitrógeno atmosférico, bioestimularlo y aumentar su productividad. Y en la vertical de probióticos, también estamos estudiando consorcios de microorganismos específicos para la soja y el tomate, capaces de aumentar las cualidades organolépticas y quimiopreventivas de los frutos.

Por último, en la vertical de plant performance, además de nuestro sustituto a la cianamida de hidrógeno, otras soluciones como el protector solar para hortícolas al aire libre, cítricos y cerezas o nuestra plataforma de bioestimulantes se encuentran ya en una fase avanzada de desarrollo.

Además de tratamientos preventivos y curativos, trabajamos el tratamiento de semillas con capacidades bioestimulantes, biopesticidas y probióticas, y otras innovaciones como el uso de bacteriófagos como agentes biológicos contra enfermedades tan devastadoras como Erwinia amylovora en frutales de pepita.

También contamos con los MAAVi Labs, que son acuerdos estratégicos con gigantes de la agroindustria y grandes productores para los que ponemos nuestro centro de investigación a su disposición para el desarrollo de soluciones naturales personalizadas.

Todo se basa en igualar la eficacia de la síntesis química

La clave de la eficacia de nuestros productos está en una tecnología propia que llamamos 4Health, que se apoya en la metodología farmacéutica y en un algoritmo propio de inteligencia artificial que nos ayuda a encontrar realidades no evidentes en la sinergia de compuestos derivados de las cuatro fuentes naturales con las que trabajamos:  botánica, microbiología, microalgas y química verde.

En lo que a compuestos bioactivos se refiere, lo más increíble es que apenas se conoce un 0,2, el resto es aún materia biológica desconocida. Lo que quiere decir que nos encontramos en la cúspide de otro gran salto hacia un conocimiento más profundo de las plantas, los microorganismos y las microalgas, gracias a nuestro sistema de deep learning, que nos ayudará a aumentar la productividad del MAAVi Innovation Center, minimizar el tiempo de desarrollo de herramientas naturales y eficaces, y reducir el porcentaje de error en nuestras investigaciones.

Como puedes ver, la tecnología está en la base de nuestro negocio, pero no para sustituir a la naturaleza, sino para darle protagonismo. Porque cuanto antes entendamos y activemos las conexiones entre los mecanismos de la naturaleza y los cultivos, antes podremos hacer posible un futuro medioambientalmente sostenible y más saludable.

La naturaleza tiene las respuestas, sólo tenemos que encontrarlas.

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