Del laboratorio a la comercialización industrial: cómo superar los retos para generar productos biológicos

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La distribución y administración de las vacunas contra el coronavirus de los últimos meses ha destapado retos no siempre evidentes. Cuando la investigación sobre el desarrollo de los diferentes sueros estaba tan avanzada que tocaba discutir cuestiones de distribución, surgieron dichos retos. ¿Cómo transportar los viales en condiciones de seguridad? ¿A qué temperatura debían conservarse? ¿Existían en todos los países medios adecuados para guardar y llevar las vacunas hasta los lugares de aplicación en las condiciones que requerían? A pesar de los 80 grados bajo cero a los que se debían mantener los envíos de Pfizer y Moderna, a pesar de las dificultades logísticas por tierra, mar y aire, el proceso no falló. Ha sido resultado de la aplicación eficaz de métodos de producción y logística a gran escala para productos farmacéuticos. Esto también se da en el terreno biotecnológico y agronómico.

Cuando compro en una farmacia un antiinflamatorio, no me pregunto si la caja pertenece a un buen lote o a uno menos bueno. No cuestiono si el impacto del medicamento sobre nuestro organismo será mayor o menor que en otras ocasiones. Estoy seguro de que todas las pastillas serán iguales, contendrán los mismos principios activos y generarán idéntica respuesta. Un producto farmacológico, al llegar al cliente final, es estable.

Pero esa estabilidad y fiabilidad no son algo fácil de lograr. En el mundo de los productos biológicos trabajamos con compuestos naturales. Utilizamos extractos de plantas, fermentaciones, microorganismos y microalgas para identificar y concentrar moléculas con propiedades beneficiosas para el desarrollo de productos bioestimulantes, biopesticidas y pre y probióticos, útiles para el suelo y los cultivos. No son objetos sintéticos, sino naturales, que cambian y se presentan de manera diferente según la concentración y de las condiciones en que los preservemos. Lo que se produce a escala de laboratorio puede ser funcional, pero llevarlo a escala industrial es otra historia. Justo eso es lo que hemos logrado en Kimitec: pasar de un nivel a otro sin que el proceso implique un encarecimiento del precio del producto y sin que se comprometa su calidad y fiabilidad.

Cuestión de metodología

¿Dónde está la clave? Son muchos los aspectos que debemos tener en cuenta, pero en Kimitec los resumimos en dos palabras: metodología farmacéutica.

Esta metodología propia que hemos perfeccionado a lo largo de años de trabajo nos está permitiendo superar los diferentes retos a los que se ha enfrentado la producción biotecnológica en las últimas décadas. Lo hemos hecho, además, teniendo muy presente que nuestra actividad no es solo investigar. Probamos, constatamos, producimos, escalamos y distribuimos a un precio competitivo frente a otras soluciones, incluidas las de química de síntesis.

Del laboratorio a la comercialización industrial: cómo superar los retos para generar productos biológicos

 

El escalado es uno de los mayores retos de la industria biotecnológica. El hecho de descubrir una molécula natural con interés agronómico no implica que pueda producirse en cantidades industriales. La formulación, el envasado, la distribución e incluso la aplicación del producto afectan a este tipo de soluciones.

Hasta hace poco, la falta de consistencia y estabilidad de los productos biológicos afectaba a la adopción de nuevas tecnologías para fertilizar los cultivos o prevenir plagas. Era habitual que nos encontráramos que un producto a veces podía funcionar y otras no. Además, la naturaleza de los insumos biológicos condiciona las medidas de almacenaje necesarias para preservarlos y garantizar su eficacia. ¿Y esto qué quiere decir? Entre otras cosas, que, si el producto es muy delicado, su caducidad también llegará antes. Esto no aporta ventaja a los agricultores y les impide gestionar bien su aplicación. Pero hay más. Frente a la química de síntesis, lo biológico ha tenido problemas de calidad como consecuencia de factores como la concentración en plazos relativamente cortos. Hasta aquí, todo parecen ser problemas, ¿cierto? Pues es la metodología de Kimitec la que nos ha permitido salvar estos obstáculos.

Superando barreras

Nos hemos apoyado en la observación y la experimentación no para lograr productos de aplicación universal, sino para entender tanto la tecnología biológica que utilizamos como las necesidades de nuestros clientes allí donde se encuentran. En el primer caso, comprender cuál es el modo de acción de un producto nos permite recomendarlo o no para un determinado cultivo y problema agronómico en unas circunstancias y época adecuadas.

Asimismo, ser conscientes de la correlación que existe entre las condiciones de un cultivo particular (cómo es el suelo donde germina, las condiciones climáticas de la zona, el estrés al que se ven sometidas las plantas, etc.) y la eficacia del producto nos habilita para algo muy importante: recomendar el uso de un producto biológico solo en el caso de que sepamos que va a obtener una respuesta positiva gracias a su aplicación.

Lo anterior no es suficiente. Hacemos mucho más. Para poder ofrecer consistencia, es decir, que el producto no se altere, tenemos en cuenta su caracterización fisicoquímica. Además, aplicamos especificaciones técnicas y estándares de calidad de producción muy estrictos. Todo ello garantiza que no sea el lote el que determine la calidad, sino el procedimiento. De la misma manera que esperamos que el sabor de un refresco no sepa diferente en función del palé de latas, logramos que el contenido de cada uno de nuestros envases sea idéntico.

En el mundo de los productos biológicos trabajamos con compuestos naturales

Un momento. ¿Y qué pasa con la caducidad? Hablamos de soluciones a base de microorganismos. ¿De verdad que algo así puede mantenerse invariable y en condiciones para aplicarlo en el tiempo? Así es. Para ello trabajamos muy bien la parte de química verde. Además, aplicamos técnicas de estabilización que nos permiten alcanzar fechas de caducidad de no menos de dos años. Esto es un salto de calidad, pero también de competitividad. Ponemos en manos de los clientes un producto que les da la flexibilidad que necesitan a un coste razonable. No comercializamos insumos de lujo para unos pocos, sino soluciones al alcance de muchos.

La metodología de Kimitec es tan real que el salto que damos del laboratorio a la comercialización se refleja en nuestras propias instalaciones. Nuestro centro de investigación, MAAVi, está junto a nuestra planta de producción. No puede ser mayor declaración de intenciones. Fusionamos métodos y metodologías procedentes del mundo farmacéutico y de la alimentación industrial para generar soluciones consistentes. Luego, las recomendamos para los cultivos adecuados en el momento preciso de mayor impacto y valor para el agricultor.

El método Kimitec acaba como empieza: escuchando al cliente. ¿De verdad alguien creía que se podía hacer de otra forma?

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